Torneo Clausura: El fuego de Palermo hizo revivir a Boca, que empató el partido ante Quilmes (2-2)


es alimentada por la pasión, difícilmente una llama deje de arder. Difícilmente se pueda extinguir su baile amenazante, que la lleva para aquí y para allá, dejando huellas, marcas inolvidables en las retinas afortunadas. Esto es lo que Martín Palermo transmite. Su eterno fuego hizo revivir a Boca, darle un poco de calor cuando su temperatura hacía que varios comiencen a preparar el velatorio.

Tuvo que aparecer el goleador de todos los tiempos, para que su equipo remonte un partido que se le presentaba demasiado adverso. Los xeneizes comenzaron bien, los primeros 20 minutos mostraron a un equipo de Falcioni prolijo con la pelota y muy concentrado. Pero luego, llegó la fatalidad de Matías Caruzzo, que despejó para atrás y le hizo un gol de emboquillada a su propio arquero, que no le gritó. Anímicamente, Boca es de cristal, y a los 27 minutos, ya se estaba desquebrajando.

La defensa empezó a dar casa vez menos garantías y el mediocampo perdió el peso del inicio. Quilmes crecía y Boca no encontraba el norte. Tal es así, que no tardó en llegar el segundo gol: Danilo Gerlo pateó fuerte tras un rebote malo de Luchetti en un corner, y sentenció el 2-0 que dejó a la visita prácticamente liquidada.

En el segundo tiempo, la reacción no aparecía. El aura histórica que acompaña a Boca reclamaba un héroe. Para que los de azul y oro vivan, algo tenía que pasar, alguien tenía que aparecer. Y quién sino él. Palermo tomó la pelota desde muy lejos, dónde nadie se preocupa, dónde nadie espera que la magia aparezca, pero apareció: El remate del 9 atravesó el aire, con el equilibrio justo de precisión y violencia, para explotar en el ángulo izquierdo y lograr el descuento.

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