Muchos dirigentes del club Boca Juniors fueron después funcionarios del Gobierno porteño. En vísperas de las elecciones, Macri prepara la vuelta al club con Daniel Angelici como presidente.

Pertenecer a la mesa de póker de Mauricio Macri tiene sus privilegios. Todos los martes por la noche, entre habanos y buenos whiskies escoceses, un reducido grupo de amigos se reúne a deliberar sobre el privilegiado mundo de política y negocios que envuelve al entorno del jefe de Gobierno. Entre los amigos de Macri del colegio Cardenal Newman, como Nicolás Caputo y José Torello, Daniel Angelici desentona por su origen radical y su look engominado y camisa abierta. Pero el Tano, como le dicen sus íntimos, se ganó la confianza del jefe de Gobierno, que lo eligió como su candidato a presidente de Boca Juniors. Eso sí: todos tienen en claro que si el PRO no obtiene una victoria en las próximas elecciones, Mauricio regresará gustoso a su club, su cuna política y de éxitos deportivos.
Angelici es empresario del juego -tiene acciones en por lo menos cinco casinos- y fue presidente de la Cámara de Bingos y Anexos. Tiene bajo perfil pero un enorme poder. Sobre todo en el Gobierno de la Ciudad. Nacido políticamente bajo el ala de Enrique “Coti” Nosiglia, con quien comparte la cualidad de construir conexiones políticas desde las sombras, el Tano logró que dos legisladores que le responden vayan por la renovación de su banca en posiciones interesantes: Martín Ocampo en el quinto lugar y Raquel Herrero en el octavo. Oscar Zago, otro diputado cercano a Angelici, finaliza su mandato tras dos períodos en la Legislatura.
Pero la influencia no termina en el Palacio Legislativo, sino que trepa por distintos lugares del PRO (en el Congreso Nacional, los diputados macristas Cristian Gribaudo, Laura Alonso, Soledad Martínez y Silvia Majdalani le responden) y de la administración porteña. Sebastián Destéfano, abogado radical y amigo del Tano, es uno de los directores de la Corporación Buenos Aires Sur, una sociedad del Estado “por el desarrollo social, económico y territorial” dedicada exclusivamente al sur de la Ciudad.
En la Defensoría del Pueblo conducida por Alicia Pierini, José Francisco Palmiotti se desempeña como defensor del Turista. Palmiotti, que se define como “radical rebelde”, se sumó al macrismo de la mano de Daniel Angelici. Fue titular del CGP de La Boca y Barracas, donde comenzó a trabar relaciones con Macri. Forma parte, en ese influyente puente entre el mundo Boca y el PRO, de las actividades de la Fundación S.O.S Infantil, una ONG apadrinada por Martín Palermo y por figuritas del macrismo como el propio Angelici, la candidata a vicejefa María Eugenia Vidal, la diputada nacional Paula Bertol, el legislador Fernando de Andreis y Horacio Zampone, quien además de ser vocal suplente de la Comisión Directiva del club xeneize es director general de Asuntos Patrimoniales de la Procuración de la Ciudad. Zampone fue nombrado a través del decreto 311/11 firmado por Macri.
El poder del Tano llegó también al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). No bien asumió Macri, nombró a José Luis Guisti como director del IVC. Luego, Guisti fue titular de la Unidad de Coordinación del Plan Estratégico. En 2008, Angelici logró sumar a otro director: Claudio Niño. Las internas con el presidente del IVC en aquel entonces, Roberto Apelbaum, lo catapultaron en menos de un año. Sin embargo, lejos de desaparecer del esquema de poder, Niño desembarcó como director de la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires.
Al comienzo de la gestión macrista, el empresario radical logró colocar al director de Técnica, Administración y Legales del Ministerio de Desarrollo Urbano, Cristian Andrés Fernández. Salpicado por la causa del arroyo Maldonado, en la que se denunciaron sobreprecios y posible contaminación del acuífero Puelches (la Justicia frenó las obras), fue reemplazado por Fernando Codino. La Coalición Cívica denunció que Fernández firmó y avaló documentos que permitieron que la obra cueste 40 millones de pesos más.
Angecili no tiene buenas relaciones con Horacio Rodríguez Larreta: operó desde un principio para que no impusiera su candidatura a jefe de Gobierno. Como muestra de su poder, criticó al jefe de Gabinete abiertamente en presencia de otros dirigentes del PRO.
Una fuente de Bolívar 1 revela que Macri le confió al Tano el trabajo en el corredor central de la Ciudad: “Mauricio gana en el norte y sur, pero en la avenida Rivadavia Filmus se hace fuerte”, dice. La aceitada relación que Daniel Angelici mantiene con Coti Nosiglia, quien todavía maneja una parte de la estructura radical en Capital, es uno de los ejes de negociación para lograr que el radicalismo trabaje para el macrismo en el ballottage. Además, aportarán fiscales, algo que al macrismo siempre le costó conseguir.
El Tano es la mano derecha de Mauricio Macri en Boca, el candidato a presidir el club en una lista que llevaría al propio Mauricio como vocal. Entre 2004 y 2005, cuando decidió que iba a dedicarse de llano a la actividad política, Macri comenzó a tejer una red para mantener el poder dentro del Boca.
Dirigentes opositores al Tano aseguran que en realidad el jefe de Gobierno “no se desprende del todo del club porque se destaparían muchas cosas: habría contratos espectaculares con irregularidades. Angelici garantiza que nada de esto salga a la luz”.

BOCA en LA CIUDAD

“Boca le dio a Mauricio Macri plataforma política”, dice el dirigente boquense Roberto Digón, que conoció de cerca el desembarco en el club de personajes como Andrés Ibarra, Jorge “Fino” Palacios, Ciro James, Oscar Ríos, Ernesto Petrini, Alberto Wilensky y Fabián Horacio Zampone. Todos ellos tienen algo en común: luego de su paso por Boca fueron funcionarios del Gobierno de la Ciudad.
Ibarra, un viejo conocido de Mauricio Macri, gerente en Socma y Boca Juniors, era el jefe de Gabinete del Ministerio de Educación conducido por Mariano Narodowski cuando Ciro James fue contratado por esa cartera para hacer trabajos de asesoramiento. En sus tiempos de dirigente de Boca había solicitado los servicios de Fino Palacios para resguardar la seguridad de la Bombonera. Y el Fino, que sólo trabaja con gente de su confianza, llevó al club a James.
Cuando el escándalo por las escuchas ilegales explotó, Narodowski abandonó su cargo y fue reemplazado por Esteban Bullrich. Bullrich se enfrentó desde un primer momento con Ibarra y ganó la pulseada. El ex gerente de Boca fue transferido a la estratégica Secretaría de Recursos Humanos de la Ciudad, desde donde maneja la relación con la extensa planta laboral del Estado porteño. Fue el ideólogo de la demanda por 63 millones de pesos contra ocho trabajadores del Teatro Colón, que finalmente no prosperó ya que fue desestimada por el propio Gobierno porteño.
Petrini, un empresario del fútbol que compraba y vendía jugadores para Boca en Europa, fue director del Instituto de la Vivienda (IVC) durante un breve período en 2010. Pero, como se sabe, el tiempo muchas veces no es un límite para negocios poco transparentes: luego de reducir partidas presupuestarias, tercerizar tareas y presentar facturaciones irregulares, salió eyectado del IVC cuando se descubrió que había contratado con un sueldo de 5.600 pesos por mes a Mariano Orlando, un experto en rehabilitación y terapias físicas, un masajista. Al poco tiempo de estrenar su nuevo trabajo, Orlando adquirió un Mercedes Benz valuado en 73 mil dólares y, de buen amigo, cedió una cédula de manejo a su jefe, Ernesto Petrini. “Era su testaferro”, aseguró Facundo Di Filippo, ex legislador de la Coalición Cívica que denunció los desmanejos del PRO en el área de vivienda.
Pero quizá el caso más escandaloso fue el de Raúl Oscar Ríos, vocal macrista de la Comisión Directiva de Boca y designado por Macri al frente de la Agencia Gubernamental de Control. En agosto de 2010, mientras tres personas morían aplastadas por los escombros en un derrumbe en Villa Urquiza, Ríos estaba -por orden de Macri- tratando de que la Comisión Directiva del club xeneize rechazara el nuevo contrato de Juan Román Riquelme. Tras el papelón, el jefe de Gobierno echó a Ríos y consideró “inaceptable” que su funcionario hubiera hecho lo que él mismo le habría pedido. La aprobación del contrato de Riquelme, con quien Macri mantiene un enfrentamiento añejo, forzó también la renuncia de Daniel Angelici, que hasta ese entonces se desempeñaba como tesorero del club.
“Quiero agradecer a Alberto Wilensky y a Alejandra Gierber que me aconsejaron”, dice Mauricio Macri en el libro Pasión y gestión, que escribió junto con Alberto Ballvé y Andrés Ibarra. Wilensky se desempeñó como asesor externo de Boca en las áreas de marketing y desarrollo comercial. Fue contratado en 2009 como asesor del Gobierno de la Ciudad por Marcos Peña con un sueldo de 20 mil pesos y en los últimos tiempos le fue ganando terreno al gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba en la confección de la estrategia comunicacional de la campaña PRO.
El mundo Boca en el Gobierno se extiende al ya mencionado Fabián Horacio Zampone y a Jorge Wellington Alves, ex director de Cultura de Boca, que cumple funciones en el despacho del jefe de Gobierno. María Vanesa Wolanik, directora del área de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Social, es hija de Pedro Daniel Wolanik, el secretario de Asuntos Legales del club.

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